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Dengue : Un vistazo al ingreso domiciliario

“Camino” tres, cuatro, cinco consultorios del médico de la familia del área de salud Sur y encuentro solo cuatro pacientes en ingreso domiciliario por dengue. Esa cifra, en una población que sobrepasa el millar puede significar dos cosas: la arbovirosis cede a los intensivos o volvieron los tiempos del encubrimiento.

Explican los galenos que sus áreas eran de las más complicadas en agosto y septiembre -por eso toco a sus puertas-, pero los casos han bajado, aunque se mantienen las terribles condiciones medioambientales y las lluvias, y el calor.

La otra opción es que no buscamos bien, algo que asumiríamos sin complejos si la información con la que nos lanzamos al área Sur de la ciudad, de alta focalidad y casos sospechosos de dengue, por ser reactivos a la inmunoglobulina M (IgM o monosuero) -que solo no son confirmados por puro protocolo- no partiera de sus propios directivos.

Pero responder a esas preguntas no es el objetivo de este reportaje. Sí lo es revisar cómo se gestiona, desde la atención primaria, el seguimiento a los pacientes ingresados con dengue en casa, según el nuevo protocolo, vigente desde julio pasado.

Cuestión de protocolos

Si antes de julio, reportar fiebre inespecífica era sinónimo de ingreso bajo sospecha de padecer dengue, con el nuevo protocolo se establecen pautas para evaluar el riesgo y determinar quiénes pueden pasar la enfermedad en casa con seguimiento de la APS y quiénes requieren de atención hospitalaria.

Esa particularidad, asegura la doctora Yulexis de la Cruz Carmenaty, jefa de la sección de Atención Primaria de Salud en la Dirección provincial de Salud, “ha implicado que la mayoría de las personas con síntomas febriles acudan al médico y, por tanto, sean atendidos correctamente”.

Se establecieron cuatro grupos: el cero y el uno corresponden a personas con síntomas de dengue y comorbilidades leves, y pueden pasar al ingreso domiciliario; mientras los restantes presentan enfermedades de base descompensadas o síntomas de alarma y deben ser remitidos al hospital.

También se ingresarán en instituciones sanitarias quienes no tengan condiciones en su hogar, ya sea por pertenecer a una familia disfuncional, vivir en situaciones higiénico sanitarias deficientes o alejadas de los centros de salud.

Los niños con menos de 10 años, igual deben pasar la enfermedad en el Hospital pediátrico Pedro Agustín Pérez. “Este, me advierte, es un punto sensible. Cuando inició el protocolo, eran solo los menores de dos años, pero tuvimos un incremento de los pequeños con signos de alarma en esas edades y por eso se cambió”.

De la Cruz Carmenaty precisó que el protocolo dispone que las personas acudan al médico de la familia o al Cuerpo de Guardia de los consultorios, donde el galeno decidirá el tipo de ingreso. Si es domiciliario, se notifica por medio de los mensajeros a los consultorios”.

A los médicos y enfermeras de la familia corresponde visitar a los pacientes a diario. El galeno puede remitir el paciente ante la comisión evaluadora, creada a los efectos del nuevo protocolo, o ante los especialistas del Grupo Básico de Trabajo, y mandar al hospital a quien presente síntomas de alarma.

También, como parte de la evolución de los ingresos, se debe garantizar la realización de la prueba del IgM o monosuero, al sexto día de iniciados los síntomas, que no siempre coincide con la fecha en que acuden al médico.

Para hacer frente a esos requerimientos, aseguró la también especialista en Medicina General Integral (MGI), “se dispone de una cobertura total de médicos y enfermeras en los 522 consultorios, distribuidos en los 22 policlínicos de la provincia”.

Se previó, como parte de la estrategia, “incluso, fortalecer las áreas de mayor trasmisión de la enfermedad (con focos de Aedes aegypti y casos febriles) en los municipios más complicados: Guantánamo, Baracoa, Caimanera, Manuel Tames y El Salvador, para dar seguimiento a los pacientes en el hogar.

En los últimos tiempos, gracias a una donación, a cada persona que se ingresa en su vivienda se le garantizan algunos medicamentos que son solicitados por los médicos de familia y se dispensan en las farmacias de los policlínicos.

¿El saldo de la implementación del ingreso domiciliario? “Es, en general, positivo. La gente lo acepta y accede con mayor frecuencia a los servicios de salud primarios, se descongestionan los hospitales, sobre todo, el de adultos”, asegura la doctora tras evaluaciones que implican visitas a pacientes y la revisión de procesos.

¿Lo que queda por mejorar? “El hecho de que todavía algunas familias se resisten al ingreso de los niños. Eso es muy preocupante”.

La práctica es el criterio

El ingreso domiciliario no es tan simple como suena. Lleva, por un lado, acciones de asistencia médica, visitas de los médicos y enfermeras de familia, laboratorio…, y por el otro, el trabajo epidemiológico con acciones focales, adulticidas, pesquisa, promoción en función de lo que aparezca.

Al doctor Fernando Herrera Febles, subdirector de Epidemiología del policlínico Asdrúbal López, que atiende los Consejos Populares Sur-Hospital y Sur-Isleta, le ha tocado coordinar lo segundo, en una zona con un gran desorden medioambiental que, históricamente, está entre los complicados.

“Vamos, asegura, incrementando las acciones en función de si es un foco, un febril o un reactivo. Nuestro trabajo comienza en las primeras 24 horas, eliminando focos en las viviendas y los alrededores, fumigando, haciendo pesquisa… Pero la verdad es que todo solo es sostenible si cambia el pensamiento y la acción dentro de las casas, donde se encuentra el 89 por ciento de las larvas.

Para afrontar esa labor hoy funcionan cinco equipos de trabajo capaces de cubrir, en total, 60 viviendas al día, con un tratamiento completo que incluye focal, adulticida con humo, usando Cipercom o Ciperside, y el residual con mochila, y los mismos venenos, siempre que haya disponibilidad.

Para la doctora Leidis Ramírez Smoll, subdirectora de Asistencia Médica del área, el principal problema es quienes no califican para quedarse en casa y deben ingresarse en los hospitales. “Con ellos, asegura, trabajamos e insistimos, aunque sentimos que falta el apoyo de la comunidad”.

La captación y el seguimiento a los que sí pueden acogerse al ingreso domiciliario, marcha bien. “Tenemos el Cuerpo de Guardia de febriles, y recibimos también los remitidos por el médico de la familia o el hospital. Todos, deben ser visitados a diario. Y lo hemos logrado”.

Tampoco ha sido un problema la toma y preparación de las muestras para las pruebas de IgM, confirma la licenciada Julia Silva, jefa de Laboratorio del Sur. “Cada día, se va al terreno y se toman las muestras, se centrifugan y se mandan al Centro provincial de Higiene, donde se procesan”, comenta.

¿Por qué hay tantas personas que se quedan sin conocer los resultados de esos exámenes?, es en este punto una pregunta obligatoria. Silva asegura que los resultados tardan de 5 a 6 días en llegar al laboratorio, donde deben recogerlos los médicos de familia o sus mensajeros, “pero muchos se quedan sin buscarlos”.

Ramírez Smoll, por su parte, no considera que sea un problema, pues los resultados se pasan a las bases de datos del área y los galenos pueden buscar si son reactivas o no sin necesidad de ir directamente al laboratorio, aunque no descarta que algunos mecanismos puedan fallar.

Ya en el terreno, lo dijimos más arriba, la búsqueda es amplia. Finalmente, en el consultorio 56, situado en el 12 Sur esquina a 6 Oeste, la doctora Mileidis González nos acompaña a visitar al único paciente ingresado por síntomas febriles que tiene en su área, con una población de 919 personas.

En el camino, las complejidades del medio se muestran en su esplendor. Ha llovido, así que la hierba es alta y verde, los basureros se encuentran sin dificultades y las zanjas corren, pródigas, a escasos metros de las viviendas.

Llegamos a la casa donde vive el paciente y nos recibe la madre. “No está, le dice a la doctora, mientras se afana en los deberes del mediodía, es que tenía el carro roto y ya usted sabe”. La doctora vuelve a repetir que el ingreso es en casa, bajo mosquitero, y nos vamos.

En el policlínico, donde la licenciada Delkis Gómez ya había mencionado los casos pendientes, “porque las personas no están en su casa para tomarles la muestra del monosuero”, inquirimos sobre estas conductas. “Lo estipulado, aseguró la vicedirectora de Asistencia Médica, es informarlo a la Inspección Sanitaria Estatal”.

Un poco más al sur, logro contactar con Anabel Pellicier. “Me sentía muy mal, con escalofríos, fiebre y mucho dolor de cabeza y fui al policlínico, más o menos al tercer día. Aquí vino la doctora, y la campaña, a fumigar”, cuenta.

La especialista en MGI, Leanet Cobas, titular del consultorio 45, me informa la conducta. “Tiene orientación de tomar dipirona cada ocho horas y un vaso de sales de rehidratación cada cuatro”, ambos medicamentos suministrados por el policlínico.

“Se dan, en un primer momento, un blíster de dipirona (10 tabletas) que pudieran ser más en caso de ser necesario, y un paquete de sales de rehidratación, que no es suficiente, pero igual se puede usar el suero oral, hecho en casa”, abunda.

¿Funciona, entonces, el ingreso domiciliario? La respuesta no es una ni definitiva: cada historia es diferente y mañana las condiciones podrían cambiar. El instrumento, a fin de cuentas, está bien en función del sentido práctico y la sustentabilidad, pero el éxito siempre dependerá de la práctica.

Escrito por Lilibeth Alfonso Martínez // Fotos: L. A. M.

Fuente: Periódico Digital Venceremos

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