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Hepatitis aguda grave de causa desconocida: Más vale andar alertas

Cuando el coronavirus irrumpió en la vida mundial, en el día a día de millones de personas, cerró aeropuertos, pospuso olimpiadas, nos encerró en casa, y enlutó millones de familias…, muchos se acordaron de aquellas palabras del físico Stephen Hawking cuando alertó, hace más de una década, que sería un virus y no una bomba nuclear el peligro mayor para el mundo.

Ahora, sin que el panorama de la COVID-19 prometa un respiro total al planeta, un par de nuevos virus -la llamada viruela del mono y un tipo de hepatitis- siguen dándole vigencia a sus palabras, que no han sido las únicas al respecto dentro de la comunidad científica y tecnológica.

El caso de la hepatitis aguda grave de causa desconocida, cuyos primeros casos se notificaron el 5 de abril en Escocia, Reino Unido, y 10 días después provocara la primera alerta oficial de la Organización Mundial de la Salud, es especialmente duro.

“La hepatitis viral es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado, y evoluciona generalmente hacia la mejoría, sin daños para la salud a largo plazo. Esta no y por eso la preocupación”, dice la doctora Maydolis Tirado Soler, subdirectora de asistencia médica del hospital pediátrico Pedro Agustín Pérez, de Guantánamo.

Lo que se sabe

La también especialista de segundo grado en Pediatría, es clara: “Lo que no se sabe, es más de lo que se conoce de esta enfermedad infectocontagiosa”. La última actualización de la OMS precisa que eran más de 429 casos en unos 22 países.

Se sabe que se trasmite por vía oral-fecal, y afecta a niños entre un mes de nacidos y 16 años, y que la incidencia aumenta en tanto disminuye la edad. El 75 por ciento de los casos, según las más reciente actualizaciones del Ministerio de Salud Pública, son niños de hasta cinco años, de los cuales el 15 por ciento ha requerido cuidados intensivos.

Entre los que evolucionaron a la gravedad, precisa la también jefa del Grupo provincial de Pediatría que agrupa a los galenos de esa especialidad, 26 pacientes tuvieron daño hepático irreversible y requirieron trasplante de hígado, en tanto seis fallecieron.

También, hasta la fecha, se señala la ictericia (coloración amarillenta de piel y mucosas) como el síntoma principal, que puede aparecer “acompañado” por señales de la hepatitis clásica -fiebre no muy alta, malestar general, cansancio, inapetencia, náuseas, dolor abdominal…-o en pacientes previamente sanos”, explica la pediatra.

La otra característica que “mueve” a la comunidad médica mundial es la causa. “Se llama desconocida, porque aunque los síntomas son los de la hepatitis, no se han aislado ninguno de los virus que causan las tipo A, B, C, D y E, las descritas hasta ahora”, señala Tirado Soler.

Una de las conjeturas está relacionada con el adenovirus F tipo 41 -causal común de gripes en la infancia- que se aisló en unos 70 pacientes, y otra con la

COVID-19 en tanto se encontró el virus del SARS-CoV-2 en otra veintena, pero nada es conclusivo.

El pasado 18 de mayo, el doctor Jean-Marc Gabastou, asesor internacional de Emergencias en salud de la OMS, aseguró a la periodista mexicana Carmen Aristegui que “hasta el momento no se ha podido asociar algún agente infeccioso con los 429 casos de hepatitis aguda infantil registrados en el mundo.

“Tampoco -prosigue el experto- se ha identificado algún tóxico, medicamento o alimento, ni relación con la vacuna contra la COVID-19 o la propia enfermedad ni mucho menos con indicadores ambientales. No hay nexos epidemiológicos”.

El asesor dijo además, que “las hepatitis agudas de etiología indefinida existen desde mucho antes (…), así que la cuestión es saber si hay un nuevo agente, elemento que haya causado el aumento inusitado de casos en Reino Unido, o si es el incremento de la vigilancia asociada a la pandemia del COVID-19 la que ha permitido identificar a más pacientes”.

Barbas en remojo

Hace unas dos semanas el Ministerio de Salud Pública -que ya había realizado sus alertas correspondientes tras el anuncio de la OMS- confeccionó un Protocolo nacional ante la hepatitis aguda grave de causa desconocida que, en el país, se vigilará hasta los 18 años.

“Lo primero, precisa Tirado Soler, es una división del diagnóstico en casos sospechosos, probables y confirmados, con acciones específicas que comienzan con la detección precoz de la enfermedad”.

“Se clasifican como sospechosos los menores de 18 años con ictericia y vínculos epidemiológicos con personas provenientes de países con incidencia de la enfermedad, ya presente en países cercanos como México, Argentina y Estados Unidos, una nación con 150 casos y fuertes vínculos con Cuba”, detalla.

“Esos niños, prosigue, se ingresarán inmediatamente en una sala que ya fue identificada en los predios del Pedro Agustín Pérez, con un lote inicial de 15 camas, a las que se sumarán otras dos, aisladas, en el servicio de Cuidados Intensivos. Si hicieran falta más capacidades, se tomarán otras decisiones”.

Una vez en el centenario centro asistencial, al paciente se le realizará una batería de exámenes para medir la función hepática, especialmente las enzimas transaminasa y bilirrubina, que deben repetirse en otras tres ocasiones en las dos semanas siguientes al ingreso.

“Si los valores de esas enzimas están por encima de las 500 unidades, el caso se clasificaría como probable. También, en ese punto, igualmente se realizan las pruebas de antígeno para descartar las hepatitis conocidas, aquí mismo, con los equipos SUMA (Sistema UltraMicroanalítico)”, refiere.

Al mismo tiempo, se le tomarán muestras para los estudios serológicos en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, IPK, incluido suero (parte líquida de la sangre), orina, heces fecales y de mucosas, esta para identificar el virus del SARS-CoV-2.

Lo que suena demorado, asegura, no lo es. “El ingreso debe ser antes de las 24 horas de ser declarado sospechoso, a las 48 horas las muestras biológicas deben estar viajando al IPK, y en 72 ya deberíamos tener un diagnóstico para confirmar el caso”.

Entonces, iniciaríamos el tratamiento, “que hasta ahora no es específico, como ocurre con los virus, de modo que lo importante es la observación y la vigilancia estricta que nos permita actuar para evitar daños hepáticos irreparables, bajo el cuidado de los gastroenterólogos y los pediatras”.

Además de los preparativos materiales, se capacita a toda la comunidad médica, empezando por los pediatras y hasta la atención primaria de salud sobre los síntomas, las causas, las conductas a seguir y, por supuesto, la prevención.

Mejor prever

La doctora Irela López Wilson, especialista responsable del Programa de Enfermedades Digestivas, incluida la hepatitis, en el Centro Provincial de Higiene y Epidemiología, asegura que, entre las cosas que se saben, “es que como todas las dolencias transmitidas por vía oral-fecal, esta es prevenible”.

Ese es, de hecho, uno de los principales mensajes de capacitación a la comunidad médica, que ya se realiza, y la población en general, en este caso, por medio del Centro de Promoción y Prevención de Salud.

“La hepatitis se transmite al ingerir, agua o alimentos contaminados con heces fecales de una persona infectada con el virus. Por eso, la prevención consiste en tratar el agua de consumo (hervirla y clorarla), manejar los alimentos de una manera segura, a salvo de vectores, cocinarlos bien…

“Si los alimentos se comen crudos, hay que extremar cuidados, lavarlos con abundante agua, tenerlos en un sitio donde no se contaminen. También, es muy importante gestionar la disposición de los desechos sólidos, especialmente la basura dentro de la casa, y el lavado de las manos”, orienta.

Al mismo tiempo, se mantiene la vigilancia sobre las hepatitis virales conocidas, de las cuales la A es la más frecuente. “En abril, informa, hubo solo siete casos en cuatro municipios de la provincia, esporádicos, y en el año no se reportan brotes. Es una enfermedad con poca incidencia, pues es muy prevenible”.

No es, sin embargo, un llamado a la confianza. “Es importante que las personas adopten conductas sanitarias al respecto, y que el sistema médico esté vigilante porque es una enfermedad de la que se sabe poco. No podemos confiarnos, y no lo hacemos”, sentencia.

Escrito por Lilibeth Alfonso Martínez

Fuente: Periódico Digital Venceremos

 

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