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Para vernos mejor

“Lo más importante, insisto, es que la familia regule las horas pantallas en los niños según sus edades…, lo cual no se está logrando, me atrevería a asegurar que ni siquiera entre nuestros propios hijos”, afirma la Máster en Ciencias Teresita de Jesús Méndez, y sabe que “toca” un tema sensible.

“Pero necesario”, me dirá más tarde, en un espacio entre conferencias durante el Primer Congreso Itinerante de Oftalmología, que desarrolló recientemente su edición guantanamera, con la presencia de especialistas y residentes de esa rama médica.

Sus décadas de experiencia como oftalmóloga pediatra en el Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer, su trabajo en la sociedad cubana de esa especialidad y sus méritos docentes avalan sus palabras.

Hay, también, estudios que la respaldan. “Se sabe, me dice, que hay un incremento de la prevalencia de la miopía a nivel mundial, y se pronostica que, en menos de 30 años, el 52 por ciento de los niños y jóvenes la padecerán. Eso es muy alarmante”.

¿Cuál es la experiencia de Cuba? ¿Ya hay manifestaciones de esa tendencia, desde sus experiencias en consulta?

Es similar al mundo. También tuvimos pandemia, y las pantallas fueron un medio para mantener a nuestros chicos en la casa, sin exponerse al virus.

Ese incremento de los niños miopes, y la tendencia a que empeoren quienes ya la padecen es evidente en nuestras consultas. Una colega, la doctora Lucy Pons, de hecho, está haciendo un estudio sobre la progresión de la miopía en edad escolar que lo demuestra.

A estas alturas, ¿hay remedio?

Es el tema. Las causas de la miopía son multifactoriales. Uno de esos factores es hereditario: si uno o los dos padres la padecen, son muchas más las probabilidades de tener un hijo con esa enfermedad. Eso no lo podemos cambiar.

Pero la causa más preocupante, a la que se le está prestando una especial atención, es la ambiental. Con los años, los niños juegan menos al aire libre, y dedican mucho menos tiempo a practicar deportes o a los ejercicios físicos, aunque lo recomendable es que pasen, al menos una hora al día en esas actividades que no requieren de fijación visual.

Esta última, sí podemos modificarla.

Una recomendación que va más allá de la oftalmología…

Ciertamente. No solo por la visión. Dedicar mucho tiempo a las pantallas lleva al sedentarismo, puede ser una de las causas de la obesidad. Además, está demostrado que limita la comunicación con otros niños y sus propios familiares; provoca trastornos del sueño, cognitivos…

Cuando habla de horas pantalla, ¿A qué se refiere específicamente?

Las horas pantalla son sumatorias, y todo cuenta. Por ejemplo, si usted pasa una hora en el televisor, dos horas con videojuegos en la computadora, una en el celular y otra leyendo, estamos hablando de cinco horas pantalla.

En el caso de un niño en edad escolar, hay que sumarle el hecho de que pasa, en dependencia de su grado de enseñanza, de cinco a ocho horas leyendo, escribiendo. Es demasiado.

Por eso, repito, lo importante es que la familia sea consciente de ello y regule el tiempo de sus hijos frente a todos esos medios. Lo recomendado es que, de cero a dos años, los pequeños no vean televisor, celulares…; a partir de esa edad y hasta los cinco, solo una hora; y a partir de los cinco, dos. Algo que casi nunca se cumple.

Esa es la principal recomendación, ¿pero hay otras maneras de reducir el daño de las pantallas a la visión?

Debe disminuirse el brillo de las pantallas y los filtros azules, que son muy dañinos al ojo. Los equipos más modernos, por ejemplo, vienen con luz azul ultrarreducida, con mayor estabilidad, que son mejores para la visión.

También hay ejercicios para descansar la vista. Como, por ejemplo, cuando estamos frente a la computadora, durante unos segundos descansar la vista mirando a los lejos. Es sencillo, pero efectivo.

¿Cuánto implica esta realidad, que haya más niños y jóvenes miopes?

Un paciente menor de ocho años que se diagnostica precozmente y tiene corrección óptica (espejuelos o lentes), o se somete a rehabilitación visual, si con el tratamiento anterior no alcanza la visión óptima, no debería tener limitación de agudeza visual en el futuro que afecte su desempeño.

Cuando no se identifica ni se trata, entonces es un problema. La Organización Mundial de la Salud, de hecho, alertó que los defectos no corregidos son la primera causa de deterioro visual.

No tratar esos problemas incrementa la prevalencia de la ambliopía, que es cuando una persona, ni siquiera usando espejuelos o lentes, alcanza el máximo de agudeza visual.

Se sabe que dos de cada tres fracasos escolares son imputables a un déficit visual. También, miopías elevadas, incluso moderadas, pueden desencadenar desprendimientos de retina, desgarros periféricos, alteraciones a nivel de la mácula, entre otras alteraciones.

Debido a eso, en el Grupo nacional de puericultura y oftalmología tenemos una recomendación de realizar chequeos a los niños desde que nacen hasta los cinco años, una edad que debemos ampliar, pues la miopía aparece a partir de los cuatro. El diagnóstico y tratamiento temprano es vital.

¿Qué síntomas pueden alertar sobre la presencia de miopía?

Dificultad para ver el televisor, el tablet… Cuando el niño entrecierra los ojos para poder escribir o leer. Esos son los síntomas de alarma más frecuentes.

Escrito por Lilibeth Alfonso Martínez // Foto: L.A.M. y Bebé y más

Fuente: Periódico Digital Venceremos

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